Bernal Díaz narra cómo los habitantes de Texcoco aprovechaban la época de estiaje para dejar evaporar aguas de la parte remota del lago (hoy Ecatepec), con lo que se formaba una costra de sales que los habitantes usaban como un jabón mineral. Cuatro siglos después esto daría lugar a una importante fábrica, pero en la época colonial ya se usaba esta sal como el álcali necesario para producir jabón.
En el subsuelo del vaso del Lago de Texcoco existe un manto de aguas saladas que contienen sales alcalinas que provienen del lavado de las colinas que se encuentran alrededor del valle de México. Esas salmueras alcalinas están compuestas por cantidades equivalentes de carbonato de sodio y de cloruro de sodio. Desde tiempo inmemorable, las sales han aflorado por capilaridad ensalitrando las tierras con tequesquite o carbonato de sodio puro que en otros países se conoce con el nombre de Trona o Urao, por la que desde la época precolonial se originó la explotación rudimentaria de ese producto.
Con fecha 18 de diciembre de 1943 el gobierno federal otorgó concesión por 50 años para el uso de la Aguas Salinas provenientes de la bonificación de las tierras del Lago de Texcoco y las del subsuelo que puedan hacerse aflorar por medio de pozos, a un grupo de ingenieros de procedencia francesa y española, aunados a varios empresarios mexicanos que desde 1938 habían realizado los primeros trabajos para encontrar una forma de aprovechar industrialmente las sales del Lago de Texcoco, siendo el evaporador solar y algunas de las plantas experimentales sus principales contribuciones al proyecto que más tarde llevaría en nombre de “Sosa Texcoco”.
La planta original fue diseñada por la Chemical Construction Corporation de Nueva York, partiendo de los estudios efectuados por el Dr. Antonio Mandinaveitia, para una producción diaria de 100 toneladas de carbonato de sodio, la mitad de ellas destinadas a la fabricación de sosa cáustica en la misma planta.
Es así como nace Sosa Texcoco, S.A., cuyos principales objetivos productivos eran el aprovechamiento de las salmueras alcalinas en el subsuelo para dar origen a su producto principal, carbonato de sodio, que a su vez sería materia prima para la producción de sosa cáustica, producto del cual la empresa lleva su nombre.
Debido al desconocimiento general que las salmueras se tenía en cuanto a su comportamiento como materia prima industrial, se presentaron desde el primer momento graves problemas en la operación de la planta, ignorados por los diseñadores y fabricantes de equipo y que fue preciso resolver sobre la marcha; de tal manera que las técnicas de operación de la planta, desarrollo del proceso y buena parte del diseño del equipo, fueron el resultado de la experiencia y la inventiva de la propia empresa.