En los años 50 hay avances industriales en otros campos de la farmoquímica, ya se fabrican en México sales poco comunes como el ascorbato de quinina (Laboratorios Servet), alcohoil- sulfatiazoles (Midy) y algunas vitaminas fosforiladas del complejo B. En 1950, dos empresas: Pyrina y Salicilatos de México establecen sendas plantas para la fabricación de ácido salicílico y aspirina (hoy producida por Química Monfel).
Las inquietudes de varios químicos formados bajo el paraguas de Syntex y el Instituto de Química, fomentan una década después la producción de antibióticos penicilánicos semisintéticos como la amplicilina, dicloxacilina y otros. De hecho éstas requieren del ácido aminopenicilánico como precursor, y en México se desarrolla un proceso de cristalización directa a muy bajas temperaturas, más simple que la ruta compleja desarrollada en Alemania y Estados Unidos de América. Este esfuerzo, lidereado por Fermentaciones y Síntesis (Fer- sinsa) en Saltillo y Quinonas de México en Ecatepec, permite al país convertirse en exportador neto de semi-sintéticos.
Pocos años después, Fersinsa intenta producir penicilina G por fermentación, proceso lleno de serios problemas prácticos, por la dificultad de competir con muy avanzadas tecnologías de fermentación sumergida— finalmente, después de muchos años logra alcanzar los objetivos de calidad y productividad y para 1984 ya produce eficientemente penicilina G. Casi en paralelo Fermic, con mejor suerte, inicia en 1980 la producción de rifampicina y griseofulvina en la Ciudad de México.